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Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos… Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos… Que los huesos del hombre los entierran con cuentos… Y el miedo del hombre Ha inventado todos los cuentos. Yo sé muy pocas cosas, es verdad. Pero me he dormido con todos los cuentos… Y sé todos los cuentos. LEON FELIPE (1884) TemasEnlaces |
Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2006. Resumen
Dueño de tus actos![]() A quién madruga, Dios le ayuda.- Algún componente de la alta aristocracia o alto ejecutivo inventó tal frase. Aunque con los siglos que debe tener dicho refrán, sería el dueño de un castro feudal o similar el que dijo tal chorrada. Sí, un individuo que no sabe lo que es madrugar pero vive a costa de los que madrugan, ése lo inventó. El que madruga más bien piensa que no le ayuda ni Dios. Se levanta muy temprano para laburar, acaba la jornada y marcha a casa para dormir y después se levanta temprano para laburar y laburar hasta crujir. DE LA MUERTE![]()
“…Y a su despecho y maldiciendo al cielo, De ella apartó su mano Montemar, Y temerario alzándola su velo, Tirando de él la descubrió la faz. ¡Es su esposo!, los ecos retumbaron, ¡La esposa al fin que su consorte halló! Los espectros con júbilo gritaron: ¡Es el esposo de su eterno amor! Y ella entonces gritó: ¡Mi esposo! Y era (¡desengaño fatal!, ¡triste verdad!) Una sórdida, horrible calavera, La blanca dama del gallardo andar…” (El estudiante de salamanca, José de Espronceda) Dicen los conocedores del mundo feérico que La Mano Blanca es una fata cruel, de las pocas hadas malévolas que existen. Quien la roce apenas el cabello, morirá. Esa dama puede ser la muerte versionada en hada. El oráculo de las hadas da a entender que existe La Dama Oscura. La guardiana de los seres no natos, guarda las esperanzas embrionarias que todavía no sabemos que tenemos. Esa dama oscura es la que atraviesa con nosotros la noche de los finales y de la muerte. Nos enseña a rendirnos y camina a nuestro lado en la penumbra de la otra orilla hasta conseguir en el atisbo la llave de nuestro miedo. Es por eso que no nos vamos de la faz de la tierra, permanecemos adormecidos por miedo a encontrarnos en el purgatorio dantesco con la clave de la existencia. Quedarnos anclados en nuestro lamento no es la opción acertada, tal vez…pero no somos capaces de salir del laberinto. Mejor lo conocido aunque tedioso que lo desconocido tal vez maquiavélico, tal vez amoroso... Sutil la danza entre ambos colores, luz o ausencia de. La vida es la miscelánea de los matices grises, espectros que anhelan la chispa de los natos, a veces de los muertos en vida. Espectros que de forma subrepticia osan robar cuerpos donde subsistir por miedo a lo desconocido. No fluir en el ascenso del que hablan los profetas que no volvieron. Es condición humana, por ser consciente, el miedo. Decía el estoico Epícteto: “no hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo”. El mero hecho de morir, es un acto frío. El calor que te arropa en vida, por estar cerca de otros humanos, es un fútil ardid. La esencia del engaño es el fervor que nos arropa al vivir entre la supuesta multitud filantrópica. Al final del viaje sólo queda el temor, el silencio al partir, la soledad que alberga el tránsito hacia lo desconocido. Esa soledad no es más que el retiro. El desapego de las obsesiones innatas a cada uno de nosotros. En el funeral no se llora por el muerto, sino por el que se queda preso de sus ofuscaciones. Por uno mismo. Iolanthe © |
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